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Desafíos de una madre soltera más allá de la crianza en solitario



Nasha V. Cruz Ch.

Santo Domingo, RD

Sin estudios culminados, con poca guía familiar, bajos conocimientos sobre sexualidad y a una edad en la cual las personas inician a tomar las riendas de su futuro, Karina, a sus 18 años, trajo un bebé al mundo. “Me hubiese gustado tener quien me orientara respecto a esa clase de cosas, a mi hijo cuando tenga la edad suficiente yo le guiaré de la forma en que se debe”, dijo Karina sobre su hijo Manuel. A pesar de haber tenido una vida con pocas oportunidades, hoy en día trabaja en una banca de loterías para darle una vida digna a su vástago, haciendo su máximo esfuerzo para cambiar su realidad. “Yo entiendo que mi familia medio me ha ayudado a sobre llevar todo, pero para criar hay que tener mucha fuerza porque ya alguien vive de ti”, añadió Karina. En República Dominicana, datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) indican que desde el 2001 ha habido un incremento constante de hogares monoparentales. En 2015, alrededor del 40% de los hogares de República Dominicana eran monoparentales y dentro de ese porcentaje el 33% era de jefatura femenina. “Las mujeres de por sí ya están en desventaja por la falta de equidad de derechos ante un estado patriarcal en el que están en condiciones deterioradas en los aspectos laborales, escolares y familiares”, expone la psicóloga María Estel Camacho. Sin embargo, en muchos casos, además de enfrentar las dificultades del día a día, también deben cumplir con el rol de madre y jefa de hogar, caso en el cual surgen otros desafíos y conflictos. Nuevo tipo de familia “La familia de madre soltera es un nuevo tipo de familia en la sociedad actual. Surge como parte del empoderamiento de la mujer ante la sociedad o por el abandono del padre (…) y depende del punto de vista, se podría observar como una fortaleza o como una debilidad en nuestra sociedad”, explica Camacho. Según el Compendio de Estadísticas Vitales de la ONE, en el 2020 se reportaron al menos 140,573 nacimientos inscritos de madres solteras, lo que equivale al 85% de los 163,611 nacimientos registrados ese año. Asimismo, en el informe “Perfiles de pobreza monetaria en República Dominicana 2010-2019” de la ONE y el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (Mepyd), se reportó que en el 2019 el 37.1% de los hogares dominicanos a nivel nacional estaban encabezados por una jefa de hogar; de los cuales un 2.6 % se encontraba en pobreza extrema, 15.9 % en pobreza moderada y un 81.5 % no eran hogares pobres. En el informe también se revela que la feminización de la pobreza puede estar asociada a una menor participación en el mercado laboral, mayor duración en condición de desempleo y una mayor incertidumbre de sus ingresos futuros. Esto se puede traducir a un mayor nivel de vulnerabilidad ante eventos económicos negativos como el Covid-19. Igualmente, la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar) 2019, informó que en el país el 36% de los niños y niñas viven solo con sus madres. Sociedad construida para hombres “Una sociedad gobernada por el hombre es para hombres, entonces todos los mecanismos favorecen a un hombre como jefe de familia, en cambio, si es la mujer, esta tiene todas las desventajas, por eso la sociedad las percibe como contrarias a la sociedad, sin embargo, a estas se les exige todo el control de sus hijos”, declara Camacho. Por lo tanto, los porcentajes exhibidos representan un indicador de la gran cantidad de mujeres que tienen la responsabilidad de cuidar, alimentar y formar en solitario en medio de dificultades económicas y sociales que no afectan en la misma magnitud a los hogares con jefatura masculina. Desafíos de las jefas de hogar Karina dejó sus estudios en octavo grado en La Romana, a raíz de que su madre, Ana, la tomó y salió huyendo de una pareja abusiva hacia la capital. Su madre, por decisión propia, nunca tuvo un empleo estable y familiares tuvieron que proporcionarle ayuda económica. A través de todo este proceso, Karina no volvió a asistir a la escuela, a pesar de que su familia paternal colaboró económicamente para que ella retornara a los mismos. El Informe sobre la Brecha de Género Global 2021 del Foro Económico Mundial, establece que la República Dominicana ocupa el lugar 89 de 156 países, con un índice de 0.6999. Es decir, el país aún presenta distintivas desigualdades de género, principalmente en materias económicas, de salud, violencia y liderazgo político. Según datos preliminares del tercer trimestre de 2021 de la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo (ENCFT), los hogares monoparentales en el país constituyen el 48.53%, y de estos, 34.34% son hogares de jefatura femenina y 18.92% de jefatura masculina. El sociólogo Ángel Serafín Cuello explica que históricamente en República Dominicana las mujeres han sido el sostén de las familias. “La familia dominicana se ha organizado, visiblemente o no, alrededor del vínculo materno filial, lo cual le confiere mayor fuerza a la madre como socializadora de la infancia”, comenta. También revela que, debido al “relato público en una sociedad machista como la dominicana”, se legitima el abandono del padre (donde muchas veces la mujer se convierte en ente destructor de la familia), y las mujeres se deben hacer responsables de las trayectorias de vida de hijos e hijas. Situación que no solo afecta el desarrollo del hogar, sino que limita las oportunidades de las mujeres para su desarrollo de vida, incluyendo acceder a puestos de trabajo u oportunidades formativas. “Estas circunstancias develan la necesidad de impulsar políticas públicas que comprendan las características de las familias y el desarrollo de una nueva lógica institucional en el país, bajo una lógica centrada en las personas y en esto, los medios de comunicación, los partidos políticos y las academias juegan un rol central, tanto ético como político”, asegura Cuello. Consecuencias en la crianza Tras su llegada a la capital y debido a los múltiples empleos que ostentaba su madre Ana, Karina se sintió abandonada emocionalmente. Se pasaba los días bajo la mirada de su abuela y una tía, quienes tampoco le proporcionaron afecto familiar. La familia es entendida por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) como el núcleo de personas que cuida, brinda atención y protección. La Convención sobre los Derechos del Niño explica que la familia debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad. “Ser madre soltera o tener una familia monomaternal de por si no ocasiona problema a la crianza de los hijos e hijas. Lo que sí ocasiona problemas y violencia es que el Estado no la protege y las exigencias sociales, económicas y escolares están estructuradas para ser satisfecha por dos”, declara la psicóloga Camacho. Sin embargo, una de las responsabilidades que tienden a adquirir los hijos de hogares monoparentales es el de asumir trabajos tanto a nivel económico como a nivel familiar en el que un hijo se encarga de los quehaceres como si fuera padre o madre. Camacho precisa que esta situación es independiente del estado socioeconómico familiar. “El hijo que tiene mayor dominio o que tiene una personalidad susceptible a cargar con las necesidades de los otros, asume como si él fuera el adulto”, agrega. La experta dice que a pesar de no tener la capacidad que debiera y de esta ser la función de los padres a nivel emocional, tiende a sustentar al que tiene menos autoestima o a alentar a una persona que está decaída. No obstante, un estudio realizado en Estados Unidos, “Single Mother Parenting and Adolescent Psychopathology (Madre soltera, crianza y psicopatología del adolescente)”, reveló que, aunque en términos generales a los hijos provenientes de familias monoparentales les puede ir bien, en promedio tenían más probabilidades de experimentar eventos estresantes significativos durante su infancia en comparación con los adolescentes de familias biparentales. De acuerdo con ONU Mujeres, para que las familias prosperen se necesitan políticas macroeconómicas y de empleo enfocadas en crear trabajo decente, además de sistemas de protección social sensibles al género que respalden a los diversos tipos de familias. La organización también indica que, a través de la implementación de políticas de apoyo a familias se mejora el desarrollo social y se impulsa un crecimiento económico equitativo en los países. Por tanto, impulsando políticas que ayuden al progreso de la familia, personas como Karina, quien actualmente espera retomar sus estudios y tal vez realizar una carrera universitaria que le ayude a mejorar su calidad de vida y la de Manuel, puedan construir mejores futuros y desarrollar una parentalidad positiva.

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