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Elísabet Benavent: "La palmadita en la espalda del crítico literario me da igual.

Ha vendido 3,4 millones de libros y su nueva novela es número uno antes de llegar a las librerías. La mejor contadora de relaciones completa su cruzada contra el amor romántico



La chica del pelo azul luce ahora melena verde, a juego con su eyeliner trazado en dos tonos. Sí son azules sus uñas, que reproducen de forma cuasi milagrosa la portada de su nueva novela, filigranas, nubecitas y estrellas incluidas.

El mismo pulso que tiene Elísabet Benavent para el maquillaje lo tiene para captar los anhelos literarios de un ejército de mujeres que la han mantenido en la lista de los escritores superventas desde que, tímidamente, hizo público su primer manuscrito en 2013. Ellas son sus «coquetas», porque el fenómeno Benavent nació en Internet bajo un seudónimo que aún encabeza sus redes sociales.

La otra Elísabet, la influencer de las casi 400.000 seguidoras, se llama Beta Coqueta. Las dos andan estos días a tope presentando su nueva obra, Todas las cosas que te diré mañana (Suma de letras), que llega el próximo jueves a las librerías pero ya es número 1 en Amazon.

Las reseñas dicen de ella que es «la voz de una generación», aunque en su opinión el calificativo le viene un poco grande. A las firmas han llegado a ir abuela, madre y nieta, a cual más fan. También dicen que escribe literatura «para mujeres», con un puntito de condescendencia, y ahí salta: «¿Por qué va a ser la novela romántica un género menor, porque lo consumimos nosotras? La literatura no tiene género».

Y zanja: «A mi la palmadita en la espalda del crítico literario me da un poco igual, yo hago entretenimiento e intento que sea de calidad. No entiendo qué hay de malo». Ahí va eso.

Hace una década, cuando trabajaba como secretaria en una multinacional, Benavent dedicaba su tiempo libre a escribir. A escribir para ella. Siete novelas románticas inéditas acumulaba el disco duro de su ordenador de veinteañera cuando la convencieron de que probara suerte con la autoedición.

Renegó, dudó, aguantó todas las burlas posibles y decidió probar suerte. Total, no iba a pasar nada porque nadie lo iba a leer... Y fue un bombazo. En cinco meses una gran editorial había comprado todos sus textos y los había convertido en best sellers.

La reina española de la chick lit duerme poco, prefiere salir a la calle a inspirarse durante el día e imaginar historias de amor en la tranquilidad de la noche. Se confiesa «amante del caos, del caos nacen cosas bellísimas», aunque termina tomando el control en la última fase de creación con una pizarra que va moviendo por la casa para no poder escapar, como cuando tenía que estudiar Historia de España y se hizo un diagrama enorme. «Tiene que entrar por cojones».

Como definición del éxito de Elísabet Benavent diremos que en España menos de 150 escritores pueden vivir de la literatura. Ella es una de ellos. La medida de su popularidad la ponen las cifras en su currículum: 22 novelas, más de 3.5 millones de libros vendidos, 390.000 seguidores en Instagram, tres temporadas de una serie de Netflix que ha sido número 1 incluso en la romantiquérrima Turquía, una película y otra por estrenar, un podcast, una canción compuesta con Andrés Suárez y varios cuadros. 38 años tiene, la criatura.


Lo tuyo son las historias de amor, eso está claro. Pero es también una cruzada contra el amor que nos vendía Disney.Es que he aprendido mucho en los últimos años. Mis primeros libros son La Oda al Amor Romántico [lo dice con mayúsculas], y ahora mismo lo releo y ufff... Tenemos que romper con ese imaginario común que asienta muchas dinámicas tóxicas. Y eso lo vas viendo cuando vas cumpliendo años, con la experiencia en el oficio. Lo que quiero ahora es que lo que haya en mi libro sea sano, para que cuando lo lea una chica de 14 años identifique una relación tóxica y salga de allí rápido, o para que nosotras mismas nos veamos reflejadas y nos perdonemos haber estado metidas en ese tipo de dinámicas.Has vendido 3,5 millones de libros. ¿Sientes una responsabilidad hacia tus lectoras?Siento vértigo, más bien, porque pienso: madre mía, tal y como va mi vida, ¿a quién le voy a dar clases de nada? Creo que lo que vuelco en mis personajes es también aspiracional: parte de quien soy, parte de quien me gustaría ser. No pretendo adoctrinar a nadie. No me siento tampoco con la potestad de hacerlo, ni con las herramientas suficientes, pero sí es verdad que me apoyo mucho en la documentación, hablo con psicólogos...Hay mucha terapia en tus libros.Yo voy a terapia, no me avergüenza decirlo. Y sí, a veces leo cosas en la revisión que detecto que eran para mí, y eso escuece. Creo que es muy importante ser responsable. Yo no voy a enseñar nada a nadie, sólo quiero que mi texto, mi producto de entretenimiento, sea responsable emocionalmente. Somos una generación híper preparada para muchas cosas, pero emocionalmente tenemos una asignatura pendiente. De ahí que estemos quitándole el tabú a la terapia, leyendo muchísimo sobre las cosas que nos pasan y compartiéndolo con los demás. Ya no existe eso de que la ropa sucia se lava en casa. En mi grupo de amigas se habla de todo: de la maternidad, de complejos físicos, de decepciones amorosas, de agobios laborales... Compartimos mucho más que antes, y creo que eso es muy sano. Lo que quiero es que mis libros se parezcan lo más posible a un grupo de amigas normal.No tenía ni 30 años cuando te llegó, de golpe, un éxito fulgurante. ¿Cómo se hace para mantener los pies en el suelo? Supongo que es fácil endiosarse un poco, con esa lluvia de halagos...En las redes sociales entran halagos, sí, pero también entran otras cosas... Lo primero que aprendes es a asumir la crítica. A nadie le gusta que lo critiquen, pero creo que lo más difícil es tomar consciencia de que éste es un oficio muy volátil, sabemos cómo nos está yendo hoy pero no sabemos cómo nos va a ir mañana. Mis seguidores me llaman «Sor Angustias de la Cruz», porque siempre estoy con cosas como: ¡Ay, mi jubilación, que yo no tengo jubilación, que soy autónoma! ¿Qué va a pasar conmigo? Es un poco un chascarrillo, pero la realidad es que yo no sé qué va a pasar con mi carrera dentro de diez años, así que no me queda otra que andar con pies de plomo. También tengo una gente maravillosa alrededor que son mis amigos de toda la vida, y hacen una cosa que me resulta muy sana: burlarse de mí. No hay en mi círculo nadie que sea como: ¡Guau, qué guay eres! De repente me dieron un premio Cosmo y todo giró en torno a la cara de susto que tenía en el photocall, parecía una ardilla. ¡Odio los photocalls! Es importante que tu entorno te ayude a quitarle importancia a cosas que tienen una importancia relativa.No te gustan las fotos. Sin embargo, tu Instagram está completamente lleno de selfis.Lo de las fotos lo llevo muy, muy mal, muy mal... Pero sí, los selfis son otra cosa, siempre digo que deberían llamarse fotos en condiciones controladas. Estamos metidos en una dictadura de la imagen: te critican si llevas filtro pero también si se te ven las canas, te critican si no te has depilado las cejas pero también si te pones extensiones de pestañas... Y llega un momento en el que tú misma te pones en duda constantemente y ya no sabes cuál es el modo correcto. Mi lucha conmigo misma es demostrar que cualquier modo es correcto. De vez en cuando me pongo reivindicativa, no me tiño en dos meses y llevo una raíz blanca terrible. Bueno, ¿y qué?22 novelas después, ni rastro de síndrome de la impostora, imagino...¡Al revés! Va creciendo, porque con el primer libro no tienes absolutamente nada que perder. Con 22 novelas tienes una carrera que estás intentando mantener, y ahí sí que sientes vértigo. Yo sigo pensando: será una moda, será que he tenido mucha suerte. Y si esto se termina, ¿a qué me voy a dedicar?¿Cómo has llevado dejar volar a tus personajes en su adaptación a la televisión? ¿Hay mucho síndrome del nido vacío?Es durillo, los escritores tenemos mucho celo para estas cosas, pero hay que asumir que, en el momento en que publicas, ese personaje ya no es tuyo. El lector va a hacer una interpretación personal, intransferible, que no va a ser la tuya por mucho que tú describas ciertas cosas. Con el audiovisual es el mismo ejercicio. Es difícil entender que ni siquiera se consume de la misma, es otro lenguaje y tienes que aceptarlo. A mí no se me olvida nunca que mi profesión es escribir y vender libros.

"El clima en Twitter es hostil" Hace más de dos años que la otrora hiperactiva Beta Coqueta abandonó Twitter: «Me he cansado, os veo en otras redes». Se le terminó la paciencia cuando pidió que no la etiquetaran en los libros pirateados y se lo echaron en cara: «Me decían que no todo el mundo tenía capacidad económica y lo tuiteaban desde un iPhone», recuerda. Desde entonces, su refugio digital está en Instagram. «Yo entiendo una comunidad como un lugar en el que dos personas pueden no estar de acuerdo pero pueden hablar. En Twitter no hay un clima de diálogo, allí el clima es hostil».

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