El último Sordello una novela excepcional



El estilo magistral de la prosa de un escritor curtido en el manejo de la lengua y el oficio escritural es el primer asomo que me deja la lectura de la novela de Manuel Núñez, El último Sordello (Letragráfica, junio 2021).

Desde la primera línea me atrapó la descripción psicológica a la manera de las novelas clásicas del siglo XIX, del personaje anciano, el poeta Ezra Pound, quien en el ocaso de su vida de regreso a Rapallo, Italia, luego de años de ausencia recorre las calles tratando de reencontrar las huellas perdidas en un lejano pasado, pero todo se le esfuma en la penumbra de un recuerdo hecho nieblas, similar a las nieblas del clima que envuelven sus pasos mientras camina:

“Un hombre camina en la niebla de Rapallo. Recorre con sus ojos vacíos el paseo marítimo, el castillo Doria, los muelles, los baños, la bahía de Tigullio. Se detiene en la dársena. Observa a los cordeleros que reparan las velas y los mástiles en las atarazanas. Lo invaden los remolinos de sombras que vienen del mar de Liguria. Trata de recordar. De reunir las imágenes de lo que ha sido su vida. Sabe que le queda poco tiempo. Que está viviendo sus últimos años. Quién sabe si su último día. El último minuto. Su último trino. Trata, inútilmente, de volver a vivir, recomponiendo los fragmentos de otros años, definitivamente perdidos para siempre. A su edad, ya se sabe, no se tiene porvenir. Solo se tiene pasado. El placer de los ancianos es recordar. Pero, aún, recordar resulta doloroso. El pasado a veces se volatiliza. Se vuelve niebla, penumbra imposible de descifrar. ¿En qué lugar de la memoria ha quedado sepultada mi felicidad?” (p.13)

Me daban ganas, cuando copiaba ese fragmento, de continuar citando el extenso párrafo del que forma parte, y que en otro párrafo de la página siguiente se devela sintéticamente con la fuerza de esta expresión: “El hombre ha vuelto a Rapallo.”

En más de una ocasión he expresado la gran dificultad observable en muchos escritores dominicanos de la época actual, que consiste en el escaso esmero en el uso de la lengua, hasta el punto que, desde la primera oración se echa de ver la pobreza en la expresión; consecuentemente, he añorado a los escritores estilistas de nuestras letras, desde Manuel de Jesús Galván en Enriquillo, Pedro Henríquez Ureña, Juan Bosch, Franklin Mieses Burgos, Pedro Mir, Aída Cartagena Portalatín , Hilma Contreras, Manuel Rueda, entre otros, hasta algunos autores jóvenes de este tiempo.

Es, pues, fundamental remarcar el estilo en esta novela. La prosa de Manuel Núñez es un retorno deseado y necesario al escritor consciente del uso artístico de la lengua y de su valor expresivo. Me gustaría decir, incluso, que el estilo lo es todo, a condición de que esa palabra se entienda no sólo como formas lingüísticas sino también como un modo narrativo, como el que aquí se emplea con gran destreza, abarcador de todos los significantes del texto, a través de los cuales es dable acceder a los motivos y los mensajes que conforman la historia acerca de Ezra Pound que nos propone El último Sordello.

El autor es escritor.

Por: Manuel Matos Moquete matosmoquete44@gmail.com

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