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El ABC de la crisis en Ucrania: ¿detonante de la tercera guerra mundial?



Rafael Cox Alomar

Washington, DC

Desde las heladas tierras que separan a Rusia de Ucrania nos llegan noticias sumamente preocupantes. Y es que todo indica que Vladimir Putin finalmente ha decidido invadir a Ucrania, lo que con toda certeza desatará una delicada crisis de seguridad en el corazón de la Unión Europa con consecuencias potencialmente devastadoras para la alianza transatlántica entre Bruselas y Washington. Tanto su retórica y visión revisionista de la historia de la región así como su reciente trayectoria (particularmente su intervención militar en la exrepública soviética de Georgia en 2008 y su anexión de Crimea en 2014) difícilmente dan espacio a otra conclusión. La guerra se nos viene encima. ¿Y por qué el tranque entre Rusia y Ucrania? Porque para Putin y los altos mandos de su gobierno, Ucrania y Rusia (con Bielorrusia) conforman una sola nación sociológicamente vinculada por la historia, la lengua y la religión. Desde su óptica, la proclamación de la independencia política de Ucrania (a raíz de la disolución de la Unión Soviética) en 1991 constituyó una ficción jurídica de dudosa validez --- a través de la cual se desmembró la integridad territorial de la Rusia histórica (que incluía Ucrania). Y para Putin tal agresión se fraguó desde Washington, con la anuencia de Londres, París y Berlín (a consecuencia de la torpeza de Boris Yeltsin), con el único propósito de hacer de Rusia un satélite débil y sumiso de occidente. La tesis central de Putin (tal y como él mismo lo detalla en un artículo de su autoría publicado por la cancillería rusa el 12 de julio de 2021) es que cuando Ucrania salió de la Unión Soviética se llevó más territorio de lo que en estricto derecho le correspondía y que por consiguiente se ha adueñado (con la complicidad de occidente) de territorio ruso poblado por rusos quienes hoy son víctimas del discrimen e indiferencia de las autoridades ucranianas en Kiev. Ahí la obligación de Rusia de reclamar lo que por derecho le pertenece y de defender a ese pueblo ruso hoy ninguneado en Ucrania. Ese revisionismo histórico de Putin, y la retórica que lo acompaña, no solamente es la mar de peligroso sino que carece de fundamento. Imagínense ustedes que pasaría si México ahora quisiera recuperar por las armas el vasto territorio que Estados Unidos le amputó en la guerra mexicanoamericana (1846-48), o si Paraguay ahora quisiera hacerse con el territorio que Brasil y Argentina le arrebataron en la guerra de la triple alianza (1867) o si Alemania ahora quisiera redibujar su frontera con Francia para recuperar Alsacia, o inclusive si Haití ahora se decidiera a reclamar como suya la República Dominicana (tal y como fue de 1822 a 1844). Simple y llanamente no hace ningún sentido. La pretensión de Putin constituye una violación de las normas más básicas del Derecho Internacional y su apego a la inviolabilidad de la soberanía de los estados. ¿Y cuál ha sido el detonante inmediato de esta crisis? La elección en 2019 de Volodymyr Zelensky como presidente de Ucrania y más importante aún su decisión de iniciar un diálogo con Washington, Londres, París y Berlín que conduzca a la admisión de Kiev en la OTÁN. Moscú ve esto como una amenaza frontal a su seguridad e integridad nacional y una intromisión impermisible de las potencias de occidente en la región del mundo que entiende le pertenece. Ahí el tranque. ¿Acaso el Putin de hoy es el Hitler de 1938? ¿Estamos a las puertas de la tercera guerra mundial? Aunque salvando las distancias, la agenda y retórica de Putin guardan similitudes preocupantes con las del Hitler del 1938. Fue en aquel año que Hitler se tragó por completo a Austria, al Sudeteland checo primero y luego a toda Checoslovaquia en abierta violación al tratado de Versalles (1919) aduciendo a que eran territorios que históricamente le pertenecían a la antigua Alemania imperial y cuyos habitantes eran nacionales alemanes. Luego invadió a Polonia al año siguiente (con la excusa de la autodeterminación de los alemanes de Danzig) y de ahí al diluvio de la segunda guerra mundial. Apaciguar a Putin no es la política correcta. Si no se actúa ahora con firmeza en poco tiempo podría desatarse una tercera guerra mundial. Y ojo con China que, amparada en igual retórica, ya pronto intentará adueñarse de Taiwán por la fuerza. Comienzan a sonar los tambores de guerra.

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