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El ecosistema digital y la gobernanza



RAFAEL NÚÑEZ


Hace unos días me contacta­ron del pe­riódico El Caribe para requerir mi opi­nión en relación a la rele­vancia de la comunicación digital como plataforma en la que los políticos, o cual­quier figura pública, la utili­ce con propiedad y sentido de la prudencia a los fines de comunicar sus visiones sobre el mundo. Hice algunas puntualiza­ciones para responder a la pregunta de la colega que es necesario precisar y am­pliar en este trabajo, puesto que el tema de las redes so­ciales y los medios tradicio­nales son de trascendencia actual, si es que queremos entender la nueva sociedad en que vivimos. Para algunas figuras, pe­ro de manera muy especial los políticos, el mundo sigue el agitado curso de los años sesenta y setenta. Actúan como si el tiempo se hubie­se anclado en el pretérito. Si observamos los cam­bios que se han registrado de manera vertiginosa en las primeras dos décadas del si­glo XXl, llegamos a la certe­za de que éstos son el resul­tado de las transformaciones en el ámbito tecnológico, que siempre serán más positivas que negativas para el desa­rrollo de las sociedades. Las Tecnologías de la Infor­mación y las Comunicacio­nes (TICs), experimentaron un desarrollo espectacular en todos las esferas de la vida de los seres humanos, que ha cambiado hasta la relación de poder entre los gobernan­tes y los gobernados. Hoy no se puede gobernar ignoran­do los esquemas y platafor­mas que han dado más poder a la gente. Las innovaciones expe­rimentadas en las teleco­municaciones impactan la forma de pensar y actuar de los ciudadanos de estos tiempos. Las relaciones in­terpersonales, la organiza­ción de nuestro quehacer diario, la educación y el tra­bajo se concebían de una manera, pero hoy todo eso ha cambiado, más para bien que para mal tal como ocu­rrió en el pasado. Las TICs hicieron posible la Sociedad de la Informa­ción y el Conocimiento. El in­terés que despierta este fenó­meno no solo se deriva de su actualidad y pertinencia, res­ponde también a la necesi­dad de conocerlo, pues esta­mos ante un hecho complejo, amplio, en constante trans­formación con distinciones y particularidades que respon­den a la sociedad concreta en la cual se desarrolla. Si echamos una mirada re­trospectiva a la historia, nos damos cuenta de que la Hu­manidad ha vivido procesos similares de transformacio­nes, que han sido impulsados por las innovaciones tecnoló­gicas, empezando por la Pri­mera Revolución Industrial hasta estos tiempos en que se marca la Quinta Revolución Industrial. En cualquier época, hay que tener una capacidad de adaptación y reciliencia, que solo es posible con un pensa­miento estratégico, ya sea pa­ra la guerra convencional o en cualquier tipo de confron­tación, pero esencialmente en la actividad política, pues de lo que se trata es de una guerra hecha por otros me­dios (la palabra y las plata­formas de comunicación), tal como había apuntado el ge­neral prusiano Car von Clau­sewitz, un gran estratega mi­litar y pensador sobre teorías, tácticas y estrategias, adapta­bles sus enseñanzas a la polí­tica como a los conflictos bé­licos. Lo que ha hecho la innova­ción tecnológica en el campo de la información y la comu­nicación es transformar a las sociedades, y otro hecho de mucho mayor trascendencia para los políticos, estudiosos, asesores y consultores de co­municación, que cambió la forma de actuar y de pensar de miles de millones de per­sonas en el planeta. Ha de suponerse que si las sociedades han cambiado, nosotros tenemos que cam­biar la forma de hacer polí­tica porque el poder, como señala Moisés Naím, hoy es menos poder que antes. Hay actores inéditos que antes no conocíamos, códigos nuevos de comunicación, al tiempo que participan grupos de pre­sión que antes no existían. De lo que se trata en este es­cenario es de tener un pensa­miento estratégico, que ha­ga el suiche para adaptarnos a esos cambios, de manera que nuestros propósitos de impactar a los diferentes pú­blicos con las cosas que hace­mos y lo que decimos, se rea­lice por las vías adecuadas, en el momento correcto, ni antes ni después. El ecosistema digital es una realidad, es el nuevo poder al que los gobiernos, los partidos, las empresas y todo aquel con intención de que su voz se escuche, ten­ga que tomarlo en cuen­ta, pues no se puede vivir de espaldas a esa realidad. Su evolución y desarrollo se produce a una velocidad que va más allá de lo que nuestros viejos esquemas de funcionamiento pueden asimilar. No debemos vivir en la sociedad digital con costumbres, actitudes y ro­paje de la era analógica. De lo que se trata en la co­municación de gobierno es de adaptar las nuevas formas de comunicación sustenta­das en las analógicas, en una combinación o convergencia de medios para lo cual es ne­cesario construir una cultura de comunicación cuyo eje de transmisión descanse en una estructura comunicacional ágil, vigorosa, asertiva y ca­paz de adaptarse. El ecosistema digital es texto, imágenes, videos, clics, compras, tuits y un sinnúmero de aplicaciones que nos permite realizar actividades desde nuestro teléfono móvil, fruto de la Inteligencia Artificial, per­mitiéndonos hacer lo que antes era impensable. Lle­var a cabo el cambio de ac­titud en cada una de las cosas que hacemos es per­tinente. Este nuevo proceso so­cial que hoy vivimos es una oportunidad para que en el ámbito de la comunicación gubernamental y en la for­mulación de las Políticas Públicas, sobre todo, Repú­blica Dominicana encuen­tre el camino de emplear las nuevas tecnologías al servi­cio de los ciudadanos.

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