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Europa en la cueva del minotauro



Por Fernando Hiciano

Si echan un vistazo al monstro, miraran a Vladimir Putin en el minotauro. El presidente soviético aspira llegar a la cimiente de todos los países que están a su paso. Presiona cambiar la geografía de Europa, y con ello, toda la geopolítica de ese continente. Rusia lo ha creado como una manifestación de su odio contra el Occidente, por haberle causado los fracasos de la Unión Soviética.

Los estudiosos del jefe de los rusos muestran ciertas desorientaciones no encuentran ubicarlo en qué linea política o escuela filosófica él pertenece. No es socialista, sin dejar de ser su adepto, pero siempre escupe cuando le hablan de Carlos Marx y Lenin. Mientras actúa como un capitalista compulsivo se orilla al otro extremo donde personalmente le sienta mejor. Se abraza con el centro izquierda, aunque no deja de comer en la mesa con los líderes ultraderecha. Su mundo no es bipolar, pero su mirada sediciosa no conoce de fronteras a la hora de buscar lo que quiere. Mantiene estrechas relaciones con los extremistas, se abraza con los líderes talibanes, Al Qaeda, todo el Estado Islámico y amigo del surgimiento del yihadismo en Oriente Medio y Asia Central. Putin no es ortodoxo, pero tampoco reniega del mismo. Se sienta con el Papa Francisco, sin embargo, al mismo tiempo hostiga al pueblo cristiano.

El presidente ruso fue capaz de cambiar el destino de las elecciones presidenciales del 2016 de Los Estados Unidos, cuando el magnate Donald Trump fue un engendro de sus planes, alzándose luego como el candidato electo de ese país. Y así lo hizo con otros países. Entabla estrecha amistad con China, nación que mantuvieron una pugna por muchas décadas, cuando los científicos chinos le robaban los códigos de los inventos rusos. En la actualidad el presidente chino, Xi Jinping y Putin se han reunido por más de setenta veces, amarrando acuerdos bilaterales, entre otros proyectos comerciales. Comparte ideas, pero China sabe que los planes de colonización rusas a mano de Putin son otros. Va más lejos. Él mira hacia Europa como algo de su propiedad, y con ello, todo el hemisferio. Polonia, con los otros países colaterales a Ucrania, mientras viva Putin, saben que no pueden dormir tranquilo. Continuar hacia la otrora Alemania, y con ello, todos los países europeos. Nadie le detiene, ni las súplicas de su amigo Enmanuel Macron, presidente de Francia, ni la apacibilidad del hombre de paz, Joe Biden, menos las amenazas de la OTAN con asediar las tropas rusas en Ucrania. El presidente Vladimir Putin escucha a sus amigos y aliados. Los hace sentar en su mesa rectangular, y cuando ellos dan la espalda ejecuta una acción contradiciendo los acuerdos.

Su figura presidencial es egregia, con cierto dejo de altivez, mientras mira con sus ojos pequeños a los demás, se oblonga contra sus adversarios. Cuida su persona, y por más de diez años la ha puesto al cuidado de un estilista profesional. Viste finos atuendos italianos y relojes roles que pueden quitarle el hambre a más de cien familias pobres durante todo un año. Se ríe poco. Guarda sus emociones, clavando la mirada en la gente, como si fuere a imprimirle o cribarle algún mensaje inescrutable en su conciencia. Tiene dominio del Kremlin. Su forma de gobernar el país se ubica a la de un zar, sin dejar de ser un temible feudo. Manda como un rey y emite edictos como un emperador. También ordena sentencias marciales, si el pueblo osare atentar con desobedecer sus planes. Manda a sus súbditos estar atentos para detonar sus bombas nucleares, si se presenta un peligro inminente contra la soberanía de Rusia. Goza de poseer más de seis mil aljibes nucleares en toda su geografía del país. Putin intimida. Amenaza a Los Estados Unidos de no meterse en sus planes de conquistas, porque haría detonar continuos misiles transatlánticos por todo el globo terráqueo, llevándose a California, Texas y volverlos en una vasija vacía. Convertir el mundo en un amasijo de miseria. Él demuestra ser una persona sin pudor, las decisiones no las tuerce cuando se trata de concretar sus objetivos. Se cuida en hablar mal de alguien o de algún país. Tiene la mirada puesta en América, con aquellos países no alineados. Mientras ve el planeta en un solo grano de arena es capaz de esconderlo en su bolsillo. No le importa las restricciones económicas impuestas a su nación por los países y organismos internacionales como repudio al crimen que constantemente comete contra sus países vecinos. Sabe que Rusia podría entrar en una etapa de recepción, hasta llegar a colapsar la economía como en los años noventa. Dice que está preparado para ello, pero so penas financieras y energética, sabe que causaran importantes daños en las finanzas del país.

Putin es amigo de todo el mundo y al mismo tiempo es la peor amenaza del planeta, incluyendo el Covid-19 y el calentamiento global. Es frío. A veces parece dócil, pero es de fuerte templanza. Libidinoso. Poco confiable. Por eso cuando prometió al presidente Volodomir Zelensky, de hacer un alto al fuego temporal de la invasión rusa sobre Ucrania, comprometiendo su palabra, en ese mismo momento ordenaba quemar con sus tanques anfibios todos los edificios, casas y con ello, toda su gente, decapitando la soberanía de ese país.

Algunos estudiosos de la Biblia creen que, sobre Rusia, dirigido por Putin pesa una sentencia divina, y es posible que la hora ha llegado. Este malvado ha de terminar mal.

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Revista la Prensa
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