Inicio de año en Haití: Presagio de una espiral de descontrol y violencia



Carlos R. Altuna Tezanos

Santo Domingo, RD

Al despuntar el año 2022, el país más pobre del hemisferio occidental subió una vez más el telón de un nuevo período, sin que se pueda visualizar cambios en el escenario dantesco que ya parece ser parte de su cotidianidad, ahora agravado por su resquebrajada situación político-social-económica, realidad que encierra a esta infortunada nación en una especie de laberinto sin salida donde impera desenfrenadamente el caos y la violencia, sin control de sus autoridades gubernamentales, que ven convertirse su país en un Estado desestructurado o fallido, en el cual simplemente cohabita un conglomerado de personas. De hecho, su territorio esta desde hace tiempo subyugado bajo el control y autoridad de las bandas criminales armadas que actúan impunemente e imponen su propia jurisdicción por encima de lo que pueda llamarse gobierno. Un país sin un liderazgo político que aglutine en su entorno a una sociedad desesperada, con una oligarquía económica que se cobija bajo el oscuro manto protector de las pandillas y del narco, solo con el fin de salvaguardar sus riquezas e intereses, sin importarles el sufrimiento, penurias y vicisitudes de una nación que perdió en el tiempo la esperanza de un mejor porvenir. Ante este panorama, en el cual no se vislumbra ninguna salida a la engorrosa crisis que vive Haití, ya abandonado por una comunidad internacional que por muchos años fue su soporte, que ahora se muestra indolente e indiferente al drama humano que padece su población, que, desde mi punto de vista creo nunca tendrán la capacidad requeridas para buscar una “solución haitiana” a su crisis, presunción que esgrimen ciertos analistas y países que se beneficiaron en el pasado, y hoy la dejaron a la suerte del destino o que ocurra un milagro. En efecto, durante la primera semana del año 2022, acontecieron dos eventos significativos que dejan entrever que la tenebrosa crisis política-social-económica enclavada en Haití tenderá a profundizarse más. El primer evento, fue el atentado fallido perpetrado en contra del primer ministro Ariel Henry, y el otro, la extradición hacia los Estados Unidos de Norteamérica del exmilitar colombiano Mario Antonio Palacios Palacios, quién supuestamente participo en el comando que asesinó al presidente haitiano, el cual había sido apresado en Jamaica, donde estuvo tres meses detenido por ingresar ilegalmente ese territorio. El primero de enero de cada año, Haití conmemora su independencia nacional de Francia, en esta ocasión con motivo del 218 aniversario, el primer ministro Ariel Henry –quien gobierna desde el magnicidio de su presidente– se dirigió a Gonaïves, una ciudad ubicada a 129 kms al norte de Puerto Príncipe, a pesar de las serias advertencias recibidas de un grupo armado para que no pusiera pies en esa ciudad. Durante la solemnidad del tradicional tedeum con motivo de la independencia, oficiada en la iglesia de Saint Charles Borome, ubicada en el sector Raboto, con la presencia del ministro Ariel Henry, las autoridades locales y la delegación del Gobierno –sin feligreses– y, a pesar de tener la presencia de un fuerte contingente policial y fuerzas de seguridad custodiando el lugar, fueron atacados, obligándolo a suspender los actos oficiales programados en la ciudad. Tras el hecho, Henry escribió en su cuenta de twitter: “Hoy, nuestros enemigos, los enemigos del pueblo haitiano, son los terroristas que no dudan en utilizar la violencia para matar a la gente con todas sus fuerzas, o para secuestrarla, quitarle la libertad, violarla. Y lo hacen todo por dinero”. La oficina del primer ministro ante el intolerable suceso, en la cual resultó una persona muerta y dos heridas, anunció una orden de arresto sin precisar quiénes estuvieron detrás del atentado. El pasado día 3, en el aeropuerto internacional Tocumen-Panamá fue detenido Mario Antonio Palacios Palacios, en cumplimiento a una alerta roja de captura internacional emitida por Interpol a solicitud del gobierno haitiano por estar involucrado en el asesinato del presidente Jovenel Moïse. El exmilitar viajaba en tránsito hacia Colombia procedente de Jamaica, país en el cual fue apresado tras huir de Haití, y de donde posteriormente fue deportado. Es importante indicar, que Jamaica emitió una orden de deportación de Mario Palacios hacia su país de origen porque con Haití “no tiene tratado de extradición” y no pudo completarse su proceso, y Estados Unidos también había emitido una orden de captura porque supuestamente el magnicidio se había planificado en su territorio y su presunta relación con el tráfico de armas. Aunque la directora General del Servicio Nacional de Migración panameño, Samira Gozaine, dijo en declaraciones tras la detención del exmilitar, que este “aceptó acogerse a la extradición voluntaria por lo que anoche mismo abordó un vuelo hacia Miami”. Recordemos, que en diciembre pasado el periódico The New York Times publicó una investigación donde se afirma que el presidente Jovenel Moïse fue ejecutado por intentar enviar a EE.UU un listado conteniendo los nombres de personas poderosas –políticos, empresarios y funcionarios– vinculados al narcotráfico, detallando en cada caso su grado de implicación. Según el diario, los asesinos se llevaron varios documentos de su habitación después de asesinarle, que sin dudas convierte al exsargento Mario Palacios en la piedra angular para esclarecer todo lo concerniente al magnicidio, sus causas y sus autores intelectuales. Tras el magnicidio, Haití entro en una vertiginosa y desenfrenada ola de violencia, secuestros, asesinatos y violaciones de todo tipo, implantada por más de 90 organizaciones criminales quienes prácticamente se convirtieron en el nuevo Estado haitiano, pues controlan el comercio, el transporte, los préstamos entre particulares o el sistema de justicia, y se financian gracias a los secuestros, al narcotráfico o grupos económicos. La rivalidad y constantes pugnas entre bandas para ganar control territorial está incrementando la inseguridad de un país que apenas cuenta con una fuerza policial muy débil. Al extremo, que uno de los líderes de las bandas criminales, Jimmy Cherisier –Barbecue– exigió la dimisión del primer ministro Henry a cambio de levantar el bloqueo al combustible que asfixiaba al país, pero éste decidió seguir al frente del gobierno hasta que se celebren elecciones a mediados de 2022. Ante el escenario descripto, Haití, apenas sobrevive en medio de la anarquía política-social, los desastres naturales y la crisis económica, donde intereses espurios al parecer dominan el diario vivir. Un país donde asesinan al presidente o atentan en contra del primer ministro, donde los secuestros y asesinatos ocurren a la orden del día, no solo representa una alta preocupación para los dominicanos sino para la región y la comunidad internacional, porque son atentados directos a su frágil democracia e instituciones del Estado haitiano. Finalmente, pienso que la solución a la eterna crisis de Haití es la intervención directa de la comunidad internacional –ONU, OEA, UE– bajo la sombrilla del fideicomiso u otro tipo de esquema jurídico administrativo, que es el único método de logar su pacificación, estabilidad y gobernabilidad, solo así habrá “solución” a esta descomunal crisis, pero jamás habrá una “solución dominicana” a su situación, tal como lo expresara el presidente Luis Abinader en recientes declaraciones. El autor es miembro fundador del Círculo Delta fuerzadelta3@gmail.com

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