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La radio y su proyección en la actualidad



La libertad de palabra y expresión es el latir vital de toda democracia. Sostener debates y votar, reunirse y protestar, profesar un credo religioso o garantizar la justicia para todos, son actividades que requieren de un flujo irrestricto de comunicación verbal y de información.

Los ciudadanos de una democracia viven con la convicción de que, por medio del intercambio abierto de ideas y opiniones, la verdad se impondrá al final sobre la falacia, los valores de los demás serán mejor entendidos, los puntos de concordancia se definirán con más claridad y se abrirá la senda del progreso.

En contraste con los estados autoritarios, los gobiernos democráticos no controlan, dictan o juzgan el contenido del discurso verbal y escrito. La democracia depende de una ciudadanía alfabetizada y bien informada, cuyo acceso a la gama de información más amplia posible le permite participar del modo más pleno en la vida pública de su sociedad.

Una de las apologías clásicas de esa opinión fue la del filósofo inglés John Stuart Mill, quien en su ensayo del 1859; “Sobre la libertad”, sostuvo que toda la población sufre un prejuicio cuando se imponen restricciones a la palabra. “Si la opinión es acertada, se priva a todos de la oportunidad de trocar el error por la verdad”, escribió Mill; si es errónea, entonces todos pierden… la mayor claridad de percepción y la impresión más viva, que se producen cuando la verdad entra en colisión con el error”.

La radio en toda el área es vital como medio de comunicación de máxima penetración, por lo que su estricta sonora está integrada por las palabras, silencios, ruidos, música y efectos. El lenguaje radiofónico debe ser tan claro y tan descriptivo que con él debemos construir imágenes, escenarios completos con colores, olores y sabores. La especificidad del medio radio sigue manteniendo la instantaneidad a través de sus mensajes en el mundo entero.

Hay que aprender a escuchar nuestra voz, a familiarizarnos con ella y saber que tenemos esa voz y no otra; pensando en una buena dicción y en el contenido de nuestro mensaje, más que en el timbre de la misma voz. Esto nos garantizaría mayor credibilidad y acercamiento a nuestros oyentes. Una voz depende de cultivarla y fortificarla. A la voz se le suma el timbre, la cadencia y el color.

El factor imaginación es el elemento fundamental en la radio. Ningún otro medio puede aislar sonidos que provocan emociones. La oralidad, la persuasión y la elocuencia siguen siendo fundamentos que mueven al ser humano.

La radio se comunica con un público heterogéneo y lo que define el universo al cual nos dirigimos es la emisora, en primer lugar y luego la naturaleza del programa. El poder de la sugestión, empatía y efectividad son herramientas que permiten una identificación con el radioescucha más cercano, por lo que la comunicación efectiva se concreta con el sentido auditivo que está ligado a la gente. La psicología ha demostrado que lo escuchado es lo más idóneo en el entendimiento humano.

“Debemos desear una voz hermosa, y si bien no depende de nosotros el poseerla; si depende de nosotros cultivarla y fortificarla”. Marco Tulio Cicerón, político, pensador y orador romano.

Insisto, de nada vale que un productor se motive para hacer un guión excelente, si no sale al aire un sonido claro, que se capte sin esfuerzo. Esa labor extraordinaria queda perdida si no logramos una inteligibilidad completa, a varios niveles: con claridad y calidad técnica, que significa obtener buenos equipos, y al mismo tiempo saber usarlos y manejarlos. Claridad y calidad interpretativa y artística. Buena locución y realización. Claridad, sencillez y belleza en la programación. Unidad de criterios entre director, artistas y técnicos.

La relativa facilidad de acceso al medio radio ha hecho que para hacer un programa sólo se necesita saber comunicar. Sobre todo, se ha insistido tanto en la improvisación, que se ha llegado a creer que, con llenar el espacio asignado con mucha palabrería, ya se está haciendo radio.

Por tanto, al emitir un contenido, no sólo hay que preocuparse de que la información sea verdadera, sino de que sea difundida correctamente. El uso de los denominados talk shows son basuras fonéticas en su gran mayoría en la radio nacional.

La amenidad, el humor, la alegría, son elementos primordiales de todo programa de radio. Si los hombres y mujeres que hacemos radio hoy, no llegamos a redescubrir esta dimensión de la radio, difícilmente llegaremos a captar mucha audiencia. En los programas que diseñamos como educativos, culturales, informativos o con mayor contenido, tenemos que hacer del proceso enseñanza-aprendizaje un proceso espléndido, trasmitiendo el mensaje con espontaneidad rítmica.

Para hacer relevante un contenido radiofónico, hay que conocer a fondo al público destinatario. No basta un conocimiento superficial, aproximativo. Ni siquiera decir, yo como emisor también pertenezco a ese mismo público. Tenemos que descubrir las necesidades y expectativas de nuestra audiencia concreta. Sus motivaciones, conocimientos, costumbres, forma de hablar, etcétera… Únicamente así haremos programas que partan de su propia experiencia, con su nivel de vocabulario y el conocimiento apropiado de su atención e interés. La audiencia siempre es el protagonista perceptor.

El autor es periodista y geopolitólogo.

Por: Maguá Moquete Paredes maguamoqueteparedes@gmail.com

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